Inspirado en “un héroe clásico”, “que es al mismo tiempo un Dios, que se encuentra en equilibrio entre lo humano y lo divino”. La filosofía de la fragancia se basa en el número 7, que representa al mismo tiempo la contradicción y lo opuesto, imperfecto al no poder ser divisible, pero perfecto al mismo tiempo al formarse por la suma de un número par e impar. También es la unidad de medida que explica el mundo: 7 días de la semana, 7 maravillas del mundo, 7 mares, 7 colores del arco iris, etc.
Cada uno de los ingredientes representa los valores que se identifican en la fragancia y que a la vez son los valores del hombre contradictorio.
La pasión se representa en Siete Loewe a través de un compuesto a base de Rosa, Muguet y Nerolí de Marruecos. La valentía al igual que la fuerza, se sienten en la esencia de Baya de pimienta. Tanto el valor humano como el divino, se plasman en el Absoluto de incienso, mientras que la espiritualidad, al mismo tiempo que la soledad, se encuentran en el Cedro del Atlas de Marruecos. Se percibe ese juego entre la vida y la muerte a través de la esencia de la Manzana roja, mientras que el orgullo se encuentra en el Musk, finalizando con el Vetiver, que representa el arte y la tradición.
El frasco, varonil, moderno y dinámico, es de un intenso color “azul pavo”, el mismo tono utilizado para el traje de luces de un torero, figura que personaliza la fragancia y que encarna el diestro Cayetano Rivera para la firma. El estuche consta de cinco capas de decoración, compuestas de base blanca, azul, negro y rojo. El logo está impreso en color plata en la parte inferior de la cara, y sobre la parte superior del cierre se encuentra el anagrama, del mismo color.
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